¿Qué es la hipótesis Gaia? Esto es todo lo que debes saber

Si has leído sobre medioambiente, cambio climático y calentamiento global, seguramente hayan aparecido en alguna ocasión las palabras “hipótesis Gaia”. Pero, ¿sabes exactamente lo que es? En pocas palabras: la hipótesis Gaia es una teoría esbozada por el científico James Lovelock en 1969 que sostiene que la tierra en sí misma es un organismo vivo que se autorregula para “corregir”, hasta cierto punto, los desequilibrios provocados por la actuación del ser humano. Te damos más detalles.

El origen del nombre “Gaia”

Quizás hayas oído este nombre en relación a grupos musicales, pero el término “Gaia” viene de la mitología clásica y hace referencia a la diosa de la Tierra. Cuando James Lovelock comentó su teoría con el conocido escritor William Golding, ganador del Nobel y autor de “El señor de las moscas”, fue éste quien sugirió el nombre.

Todo empezó cuando Lovelock fue llamado por la NASA en 1965 para estudiar la posible vida en Marte. A partir de ahí, el científico empezó a comparar las características de nuestro planeta respecto a otros y estableció que hay diferencias significativas que son las que dan origen a la hipótesis.

Lo que defiende la hipótesis Gaia

James Lovelock defiende que la atmósfera y la superficie del planeta Tierra actúan como un superorganismo que se autorregula y tiende al equilibrio para garantizar la vida. ¿Por qué llego a esta conclusión? Porque a lo largo del tiempo hay parámetros que permanecen constantes en la Tierra como son la temperatura global de la superficie (pese a que la energía proporcionada por el Sol se ha incrementado a lo largo de los siglos), la composición atmosférica (que basándose en datos objetivos debería ser inestable) o la salinidad de los océanos.

No se trata de que la Tierra sea un organismo individual, sino un sistema interactivo cuyos componentes son los seres vivos. Este sistema, a través de sus componentes, buscará las condiciones óptimas para garantizar la vida.

Un ejemplo, basado en un experimento, que se ha utilizado para explicar este concepto es el de “El mundo de las margaritas. Pongamos que en la Tierra existen dos tipos de margaritas: las blancas aguantan mejor el calor y reflejan la radiación solar impidiendo que la tierra se caliente y las negras absorben la radiación solar, proliferan en ambientes más fríos y ayudan a calentar la tierra.

Este proceso funcionaría dentro de unos determinados valores, pero si la radiación aumenta demasiado las margaritas negras empezarían a morir y las blancas aumentarían provocando una refrigeración de la Tierra. Si, por el contrario, la radiación disminuyera demasiado las margaritas blancas se helarían y las negras calentarían en exceso la Tierra.

La polémica sobre la teoría de Lovelock

Aunque ahora esta teoría está mayoritariamente aceptada, cuando se publicó en 1979 tuvo muchos detractores que tacharon de poco realista el hecho de personificar este sistema del que habla Lovelock bajo el nombre de Gaia.

También fueron muchos los biólogos evolucionistas que defendían que las plantas no producen dióxido de carbono por el bien de la Tierra, sino como parte de sus funciones. Basaban estos argumentos en el paradigma de Darwin que afirma que la supervivencia de la especie no es tan importante como la supervivencia del organismo.

La visión de Lovelock sobre el cambio climático

Un análisis superficial de la hipótesis de Gaia podría llevar a pensar lo siguiente. Puesto que Gaia se autorregula por sí misma, ¿deberíamos despreocuparnos del cambio climático ya que la vida en el planeta siempre estará garantizada? Nada más lejos. Precisamente Lovelock defiende que esta autorregulación tiene unos límites (de ahí el ejemplo de las margaritas) y que las acciones del ser humano han hecho que se sobrepasen.

Esta reflexión está recogida en una publicación posterior que Lovelock realiza en 2007 que lleva por nombre “La venganza de Gaia”. Posteriormente, en 2014, en una entrevista con El Mundo, James Lovelock confiesa que muchas de las predicciones que realiza en 2007 estaban equivocadas puesto que “las temperaturas no han aumentado como se esperaba en la superficie terrestre”. Aún así, defiende que el calentamiento global sigue siendo una realidad imparable y explica qué tipo de soluciones podrían llegar a minimizar las consecuencias del mismo. Entre otras cosas, afirma que la energía solar no va a ser suficiente y que el modelo de éxito debería ser una mezcla de energías renovables y energía nuclear.

Conclusión

Los estudios de James Lovelock están suficientemente avalados como para no dudar de que, independientemente del nombre que se le dé, el planeta Tierra tiende a autorregularse para garantizar la vida hasta cierto punto. Una vez que se traspasan ciertos límites, las consecuencias son innegables y solo con la concienciación medioambiental y con la implantación de una serie de medidas pueden paliarse los efectos de una realidad como es la del cambio climático.

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